dissabte, 21 d’octubre de 2017

España debe enfrentarse consigo misma






España se exhibió el domingo al mundo de la peor manera que podría hacerlo.
De acuerdo con las autoridades catalanas, cerca de 900 personas que abarrotaban los colegios donde se votaba resultaron heridas por la acción de la policía en una embestida brutal que ha escandalizado al mundo, viendo la resistencia pacífica de quienes defendían las urnas. Más de dos millones de catalanes votaron, el 42 por ciento del censo, y 90 por ciento a favor de la república catalana. Lo hizo desde el jugador del FC Barcelona Gerard Piqué hasta Neus Català, superviviente del Holocausto, a sus 102 años de edad. La policía solo pudo parar la votación en algunos puntos concretos. Pero al alcanzar ese clímax, España ya había perdido a Cataluña.
Más allá del debate sobre la legitimidad de un referéndum no pactado entre Cataluña y España, la acción del gobierno de Mariano Rajoy ante esta crisis ha puesto en evidencia el grave y verdadero problema que arrastra el Estado desde 1978, cuando se aprobó la Constitución tras la muerte del dictador Francisco Franco. Fue reformada en 2011, en plena crisis económica, para modificar su artículo 135 con los votos del Partido Popular (PP) y del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) —de derecha y centro, respectivamente— para establecer como prioridad el pago de la deuda pública antes que cualquier otro gasto, una reforma que indignó a miles.
La Constitución fue aprobada en un momento excepcional, a pesar de un fascismo todavía activo y un Estado que se quería presentar como nuevo y democrático conservando las estructuras del que aspiraba a liquidar: la misma policía, algunos jueces, ministros y funcionarios del régimen franquista; sin juicios a los responsables de los crímenes de la dictadura, sin elección entre monarquía o república, con un rey impuesto por el dictador y ruido de sables por doquier.
Cuarenta años después, quienes tienen menos de sesenta años y no pudieron elegir, e incluso algunos de quienes votaron entonces, reclaman que se abra de una vez un debate. Partidos como el PSOE, Podemos, los distintos partidos nacionalistas o Ciudadanos ya se han mostrado dispuestos a empezar a debatir sobre ciertas reformas constitucionales, con posturas —eso sí— distintas sobre el modelo de Estado (monarquía o república), o la relación con las naciones que lo conforman. Aunque no existe un consenso sobre los artículos que deberían ser objeto de revisión, el debate está sobre la mesa. Y ese es el problema del Estado desde 1978 que se evidenció estos días en Cataluña: la negativa a mirarse al espejo, a superarse a sí misma y a escuchar a sus ciudadanos.
A lo largo de los últimos años, sobre todo tras el rechazo por parte del Tribunal Constitucional a la reforma del estatuto de autonomía catalán en 2010, el sentimiento independentista ha ido en aumento. Aunque quizá en un referéndum pactado con el Estado no hubiese ganado la opción independentista, gran parte de la ciudadanía hoy ya se muestra favorable a una consulta sobre el derecho a decidir.
Esconder o minimizar un conflicto político de tal magnitud nunca lo va a resolver. Permanece, se enquista, y al final estalla, como hemos visto desde hace tiempo con el tema catalán. A pesar del discurso que entonan al unísono PP y PSOE –quinta y tercera fuerza en Cataluña, respectivamente, muy por detrás de los partidos independentistas– y reforzado por todos los grandes medios de comunicación españoles, públicos y privados, basta con visitar Cataluña para darse cuenta de que existe una realidad bien distinta. La normalidad reina en las calles y la gente debate sin temor.
A quienes vivimos en España y conocemos Cataluña no nos sorprende el abismo que existe entre dos relatos completamente distintos. Tampoco que quienes se muestran contrarios a que Cataluña decida su futuro por sí misma, avalen la brutalidad policial de las últimas semanas pidiendo arrestossuspensión de la autonomía y ocupación militar. Es la obstinación que arrastra el Estado español desde hace décadas, la arrogancia de quienes ayer gritaron al futbolista del FC Barcelona “¡Piqué, cabrón, España es tu nación!”durante un entrenamiento, o quien hace alarde de su catalanofobia sin complejos ridiculizando a todo un pueblo que hace décadas que no se encuentra cómodo en este escenario.
La muestra de la torpeza de este Estado ante el conflicto no podía ser más gráfica: 15.000 policías ocuparon Cataluña, presentándose en pequeños pueblos que nunca habían visto a ningún agente antidisturbios en sus calles. Las imágenes de los agentes golpeando y disparando gases y balas de goma contra la población, arrancando urnas, rompiendo puertas a mazazos y arrastrando por los pelos a quienes se resistían pacíficamente marcarán para siempre a todo el pueblo catalán, y ya han empezado a despertar dudas e indignación en gran parte de ciudadanos del resto del territorio de España.
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Oficiales de la Policía Nacional de España decomisan una urna de votación en un allanamiento a una clínica de salud durante el referéndum, el 1 de octubre, en Lérida, Cataluña. CreditAdria Ropero/European Pressphoto Agency
Así lo demuestran las enormes concentraciones que tuvieron lugar la tarde de domingo en ciudades como MadridValencia o Sevilla. El domingo Cataluña también estaba llena de observadores internacionales y de turistas que fueron testigos de lo que realmente sucedió y que contrarrestan el relato oficial, que defiende la actuación policial como proporcionada y afirma que los agredidos han sido los policías.
Algunos ciudadanos mostraron su apoyo al gobierno y la policía concentrándose en las puertas de los cuarteles desde donde partían los agentes, ondeando banderas de España. También las principales ciudades de España han sido escenario de actos más o menos multitudinarios que reivindicaban la españolidad de Cataluña.
Cierto es que parte de la ciudadanía catalana tampoco considera legítimo el referéndum y que preferiría gestos por ambas partes para negociar una salida bilateral al conflicto. El gobierno español no ha mostrado ninguna disposición a negociar nada que implique la separación de Cataluña de España. El gobierno catalán, por su parte, ha decidido apoyarse en la mayoría parlamentaria de la que goza para forzar la maquinaria hasta el final y realizar este pulso simbólico con el Estado. Aunque ha sido siempre consciente de las dificultades para ofrecer una consulta con todas las garantías, ha conseguido sin duda elevar al plano internacional el conflicto y ganar todavía más adeptos a una consulta en Cataluña. Así, el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha pedido que se investigue la violencia policial del domingo mientras el presidente catalán, Carles Puigdemont, ha anunciado que el proceso de desconexión de Cataluña respecto a España es irreversible.
Hoy, mientras la huelga general contra la violencia policial ha sacado a miles de personas a las calles de Cataluña en enormes manifestaciones, el rey Felipe VI se dirigió a la ciudadanía para reafirmar que el único marco posible es la Constitución. El monarca siguió el guion del gobierno acusando de desleal al gobierno catalán. No hizo ninguna alusión al diálogo y, posiblemente, no haya convencido a los catalanes, que cada vez más se muestran ya no despreciados, sino atacados por el Estado.
España debería haber aprendido de las experiencias de Quebec y Escocia, pactando un referéndum con Cataluña. En ambos casos, los ciudadanos rechazaron la independencia, pero nadie pudo acusar a los Estados de no escuchar a sus ciudadanos. Debe ser capaz de ofrecer soluciones y descartar abiertamente el envío de tropas o la suspensión de los autogobiernos autonómicos. Urge una reforma constitucional a muchos niveles que actualice el diseño del Estado, en una sociedad que cambia muy rápidamente. Y el conflicto con Cataluña acaba de poner este reto sobre la mesa. Tanto algunas voces del PSOE como Podemos y la mayoría de partidos ya lo han pedido.
España tiene un gran problema, y este es ella misma: o lo afronta con valentía y con humildad, empieza a escuchar y abandona su arrogancia y su inmovilismo, o perderá una oportunidad histórica que quizá no tenga ya marcha atrás.

dijous, 19 d’octubre de 2017

Silencio mediático ante un acto multitudinario en Valencia sobre el referéndum

Miquel Ramos - 14 septiembre 2017 - La Marea 

Silencio mediático ante un acto multitudinario en Valencia sobre el referéndum
El acto organizado por AContracorrent en Valencia. GABRIEL RODRÍGUEZ

La Universitat de València se despertó llena de pintadas nazis el pasado miércoles. Nada que no hubiera pasado ya anteriormente, más aún cuando está a pocos metros del estadio Mestalla, una zona habitual de los ultras, que a menudo se divierten decorando las paredes de las facultades con toda clase de simbología fascista y amenazas. Esta vez, las pintadas estuvieron motivadas por el acto que tendría lugar por la tarde en la Facultad de Geografía e Historia, organizado por el sindicato de estudiantes AContracorrent, en el que estaban anunciados los diputados Josep Nuet, de Catalunya en Comú, y Anna Gabriel, de la CUP, y el periodista valenciano David Segarra.
“Tiro a Ana Gabriel”, “Ana Gabriel eres una puta”, “Muerte al traidor”, “Sieg Heil”, “CUP jamás bienvenidos”, “Fuera CUP” y “Viva España”. Todas estas pintadas alrededor del lugar del acto fueron reproducidas por varios medios de comunicación, atentos a la escalada de tensión entre el Estado y los que defienden el derecho a decidir de Cataluña. Todos los medios explicaron que las pintadas contra Gabriel eran la bienvenida que daba la extrema derecha a la charla de por la tarde. Las muestras de solidaridad llegaron de todas partes, algunas más tibias que otras, pero se habló del acto previsto. A priori. De lo que pasó después, del acto en sí, hoy, un día después, ni una palabra. Y no porque no hubiese prensa. Ni porque fuera un fracaso. Todo lo contrario.
Quien conoce un poco Valencia ciudad sabe que las acciones de la extrema derecha contra la izquierda y contra el independentismo son más que habituales, y han disfrutado de una impunidad sospechosa durante décadas desde la Transición. La conocida Batalla de València, que alargó y secuestró la transición valenciana más aún, se conoce poco fuera del País Valenciano, pero es uno de los ejemplos más evidentes de la virulencia y la impunidad de la extrema derecha en España, con la característica casi única de la catalanofobia. Sus víctimas han sido desde intelectuales considerados catalanistas, como partidos políticos, organizaciones, librerías, centros sociales, artistas, individuos e incluso las Universidades. Todos los que forman parte del supuesto plan imperialista catalán encarnado por los “traidores” valencianos que lo son solo por aceptar la unidad de la lengua catalana, esto es, que valencianos, catalanes y baleares hablamos el mismo idioma, un hecho sin ningún tipo de discusión filológica.
Da igual que esto no signifique una defensa de los Países Catalanes (la reivindicación de la unidad política de estos territorios),  ni siquiera la independencia. Reconocer la unidad de la lengua ya te ha convertido en catalanista en Valencia. Y a excepción de quienes señalan, el resto son todos catalanistas manipulados o vendidos al oro catalán. Esta persecución y acoso ha continuado hasta hoy en día, aunque la violencia ha disminuido considerablemente desde hace escasos cinco años hasta ahora. Es importante explicar esto porque sino no entenderemos la importancia y la excepcionalidad del acto de ayer y el silencio mediático al respecto.
Con los antecedentes expuestos, las pintadas provocaron un llamamiento a defender un acto que, lejos de ser un mitin del independentismo, pretendía dar voz a dos posiciones distintas respecto al proceso catalán, enmarcadas dentro del derecho a decidir que defendían ambos oradores, tanto Gabriel como Nuet. El sindicato que organizó el acto, AContracorrent, no es independentista. Está ligado a organizaciones de izquierdas, sí, pero el voto nacionalista en las universidades históricamente se ha dirigido hacia el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC) y el Bloc d’Estudiants Agermanats (BEA).
El hecho de que fuese AContracorrent quien organizó el acto era cuando menos una apuesta por el diálogo y por las ganas de escuchar las diferentes izquierdas que defienden el referéndum catalán. Y es que la Universidad y los estudiantes que la llenan quieren saber, escuchar y aprender. Parece lógico, pero hoy en día puede ser incluso objeto de amenazas y de denuncia, como es este caso. Aun así, a pesar de ello, la sala se llenó una hora antes del acto, y cerca de 200 personas se quedaron sin poder acceder por el aforo limitado. Entre el público había mayoritariamente estudiantes, pero también algunos profesores, diputados valencianos de distintos partidos, activistas sociales y grupos feministas que querían mostrar su apoyo a Anna Gabriel ante las amenazas recibidas. Por otra parte, numerosas personas habían acudido solo para proteger el acto, sabiendo que no entrarían, pero permaneciendo en las puertas para evitar cualquier intento de agresión o boicot de la extrema derecha, como advertían las pintadas aparecidas por la mañana. Pero allí no vino nadie que no fuese a escuchar respetuosamente la charla. No aparecieron los grupos neonazis que hace 10 años se presentaban en cada acto tachado de catalanista, como lo hicieron reiteradas veces en la Universidad, pero también, incluso, en presentaciones de libros o en un concierto de Raimon en el Teatro Olympia. La charla de ayer se desarrolló con absoluta normalidad, y la sala estaba llena de periodistas que fueron testigos. Hoy, sin embargo, la mayoría de los medios presentes no explica nada de esto.
David Segarra, el periodista valenciano que compartía mesa con los diputados catalanes, trató de explicarlo in situ, consciente de la importancia de lo que se vivió ayer en Valencia: “Hemos derrotado al fascismo”. La sala estalló en aplausos. Entre el público, en segunda fila, estaba el padre de Guillem Agulló, militante independentista y antifascista asesinado en 1993 por un grupo neonazi. La sala gritó “Guillem Agulló, ni olvido ni perdón”, un grito vigente todavía casi 25 años después del crimen, un icono de la memoria colectiva de los valencianos conscientes del sangriento y constante embate de la extrema derecha en el País Valenciano. Efectivamente, si la extrema derecha tenía previsto hacer acto de presencia, no lo hizo, posiblemente al ver la gran cantidad de gente que desde una hora antes se había concentrado en las puertas de la Facultad.
La prensa ha silenciado todo esto, incluso el acto, en un contexto donde cualquier anécdota referida al proceso catalán se repite en todos los medios, más aún cuando es fuera de Cataluña. La noticia de ayer fue, en cambio, el acto que intentó hacer la CUP por la mañana en el centro de Valencia, que no estaba anunciado, por lo que no se convocó más que a la prensa, y que tan solo preveía la presencia de las diputadas Anna Gabriel y Mireia Vehí, acompañadas por representantes de la izquierda independentista de Valencia. Así, la noticia del diario más vendido en Valencia, el Levante-EMV, es “La CUP reduce su acto soberanista en Valencia por la presión policial“, refiriéndose a la lectura del manifiesto de la mañana, que terminó con la identificación de los presentes por parte de la Policía Nacional. Un acto que no fue anunciado ni que esperaba “ampliarse” de ninguna manera. Era un acto simbólico sin convocar a nadie más que la prensa. El artículo habla también de las pintadas y resume en una frase el evento de la tarde, sin contar que la sala estaba llena y que 200 personas se quedaron en la puerta: “Por la tarde, la diputada Gabriel participó en un acto en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia”. Y ya está. Eso sí, dedica toda una página a la denuncia de un abogado y exlíder de la extrema derecha anticatalanista contra Gabriel, Nuet, AContracorrent y la Universidad por el acto.
El otro periódico más leído en Valencia, Las Provincias, ni siquiera habla del acto de la tarde, y se centra en la lectura del manifiesto de la mañana. “La Policía identifica a Anna Gabriel (CUP) en el acto a favor del referéndum catalán en la Plaza de la Virgen de Valencia celebrado sin autorización“. La información sobre las amenazas de muerte neonazis se diluye en medio de la noticia, que destaca el hecho de no tener permiso para el encuentro simbólico de la mañana.
Tampoco El País hace mención del acto de la tarde más allá de reproducir unas declaraciones de Anna Gabriel captadas por varios medios antes del debate en la Universidad. Con el titular “La CUP organiza actos de apoyo al referéndum en los Países Catalanes“, remarca el acto de la mañana y hace referencia a las pintadas nazis. Nada más. Por otra parte, ni Público, ni La Vanguardia, ni eldiario.es, que habían informado a primera hora de las pintadas nazis, han hecho ninguna referencia al acto.
El ABC, en cambio, sí que hace crónica de la charla, y dedica una noticia entera titulada “Un acto de la CUP en Valencia se reivindica como lucha contra el fascismo“, destacando las palabras anteriormente mencionadas del periodista valenciano David Segarra. La información explica que la sala estaba llena y que casi un centenar de personas se quedó fuera. También El Mundo, bajo el título “La CUP traslada a Valencia su mensaje independentista“, cuenta que “la Facultad de Historia presenta un importante lleno 40 minutos antes de empezar. El ambiente tenso durante toda la jornada con mensajes alertando de posibles altercados acabaron provocando un efecto llamada que colgó el cartel de aforo completo”. El recién estrenado periódico El Salto y el digital catalán Vilaweb también se hacen eco del acto y del simbolismo de haber llenado la sala ante las amenazas. “Acto multitudinario en Valencia sobre el referéndum“, titula VilawebEl Salto, por su parte, titula la noticia “Las amenazas fascistas no impiden los debates sobre el referéndum en València”. También El Temps, ha publicado la crónica “Odio fascista en València contra la CUP”. Ningún otro medio, ni valenciano, ni catalán ni español, explica nada más.
El silencio general en los medios respecto a este evento en Valencia, por la importancia simbólica que tiene, no es inocente. No hubo incidentes, como muchos medios que vinieron esperaban, y como venía siendo habitual desde la Transición. Más aún en el contexto actual, con el foco mediático en el proceso, y con las pintadas nazis que amenazaban a Anna Gabriel. El acto se pudo desarrollar tranquilamente, no pasó absolutamente nada más que un interesantísimo debate y una enorme solidaridad que desbordó todas las previsiones, y que muy posiblemente disuadió a los grupos de extrema derecha de hacer acto de presencia. Esta es, en mi opinión, la verdadera noticia, la sensación que muchos valencianos tuvieron ayer simultáneamente. Quizás se borra el contexto, inocente o conscientemente, porque no se ha sufrido así, o porque se sabe que es una victoria frente a la censura y la coacción del fascismo que hay que minimizar. Por eso he considerado que debía escribir algo al respecto. Y sobre algo tan sencillo como un debate. En una Universidad, refugio de la razón y del aprendizaje. Donde debía ser. Y más aún si cabe, simbólicamente, se hizo en la sala que lleva el nombre del maestro de Sueca, Joan Fuster. Uno de los personajes más atacados y odiados por la extrema derecha, la misma extrema derecha que ayer trató una vez más de silenciar y atemorizar a los disidentes, y de impedir a los valencianos escuchar, debatir y aprender. Pero no lo consiguieron. Evidentemente, ayer fue una batalla ganada al fascismo.
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El fortín de los maquis en Els Ports y el Maestrat

22 agosto 2017 - Miquel Ramos - La Marea 

El fortín de los maquis en Els Ports y el Maestrat
Mas del Cabanil. Foto: Raúl González Devís
Artículo incluido en el especial Guía de viajes por la memoria, de #LaMarea51. A la venta aquí
Justo en la línea imaginaria que separa Cataluña del País Valenciano se encuentra la carretera que lleva a La Sènia. A pocos kilómetros hacia el interior, el terreno ya se adivina abrupto y salvaje, desde el Parque Natural de la Tinença de Benifassà, en la comarca del Baix Maestrat hasta Els Ports, y los primeros paisajes de la frontera con Aragón. Parecen haber sobrevivido a la huella humana durante siglos. Solo la carretera y algunas masías solitarias atestiguan la presencia de pobladores en este rincón de Castelló.
Las carreteras dejan a un lado un enorme y vasto paisaje de carrascas, conectando pequeñas localidades como Fredes o Castell de Cabres, donde no viven ni 20 habitantes. Hoy en día la zona es visitada por numerosos aficionados al turismo rural, al senderismo y al ciclismo de montaña. Incluso se puede bajar hasta el pantano de Ulldecona a darse un baño o pasear en canoa. Fue precisamente su inaccesibilidad lo que propició que la zona se convirtiera en un fortín para los maquis tras la Guerra Civil.
La orografía fue determinante, así como la complicidad de sus escasos pobladores, que de una manera u otra colaboraron o se unieron a la guerrilla. La importancia de este territorio en la lucha contra el franquismo es relativamente tardía. Empezó a ser fuerte a partir de la segunda mitad de 1946. Debido a la incorporación de cada vez más guerrilleros, se decidió dividir el sector XVII de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) y crear el XXIII, que comprendería Els Ports y el sur de Tarragona, la Tinença de Benifassà y gran parte de El Maestrazgo y del Bajo Aragón.
Las acciones de los maquis eran tanto sabotajes como ataques a la Guardia Civil, atracos a bancos y hasta ocupaciones de pueblos, como las que se produjeron en 1947 en las localidades de Fredes, Catí, Castellfort y Canet lo Roig. La complicidad de los vecinos con la guerrilla provocó una escalada represiva que se saldó con numero esas detenciones, ejecuciones, torturas y humillaciones, como las que sufrió Florencio Plà Meseguer, un joven pastor que nació intersexual (con una anatomía reproductiva o sexual que no parecía encajar en las definiciones típicas de masculino o femenino) y que fue objeto de las burlas de varios agentes de la Guardia Civil en la masía donde trabajaba, en la Pobla de Benifassà, conocida hoy como el Mas de la Pastora, un interesante y emblemático lugar para visitar. Sus simpatías y constantes colaboraciones con los guerrilleros y el reiterado trato degradante que recibía de los agentes motivó su ingreso en el maquis. Conocido como La Pastora, ya había tenido contacto con varios guerrilleros, y es hoy un mito en la zona con una apasionante historia.

La última esperanza antifascista

Otros puntos en la ruta son el Mas del Cabanil, donde se produjo un asalto que provocó la muerte de dos guerrilleros y la detención y posterior consejo de guerra de uno más, y el que fuera campamento maquis en Rafalgarí, sobre la montaña del mismo nombre. Una parada en el Mas de Guimerà, en Portell. Allí, en mayo de 1948, tres guerrilleros murieron y otro fue detenido en un asalto con la Guardia Civil. Entre ellos estaba Ángel Fuertes Antonio, el jefe de la AGLA, que fue asesinado durante la refriega.
La evacuación ordenada por el PCE en 1952 marcó el final de la guerrilla en la zona. Quedarían menos de una treintena de miembros de la AGLA, y casi todos ellos huyeron a Francia a pie. Las historias de los maquis son todavía hoy comentadas por muchos ancianos del lugar, testigos durante aquellos años de cómo sus montañas fueron el escenario de la última esperanza antifascista tras la Guerra Civil.

¿Cómo dejamos de preocuparnos y comenzamos a amar a la nueva ultraderecha?

Por 




Lutz Bachmann, al centro, fundador del movimiento xenofóbico y antiislámico germano Europeos Patrióticos Contra la Islamización de Occidente, Pegida, tiene sus ojos cubiertos como si estuvieran pixelados por los medios al arribo de su juicio por cargos de discurso de odio, el 19 de abril de 2016, en Dresden, al este de Alemania.CreditRobert Michael/Agence France-Presse -- Getty Images


VALENCIA, España — En mayo media Europa contenía la respiración ante la segunda vuelta de las elecciones francesas, temiendo una posible victoria de la ultraderechista Marine Le Pen. Aunque venció Emmanuel Macron, más de diez millones de franceses votaron por el Frente Nacional, que obtuvo los mejores resultados de su partido desde su fundación. Resulta atrevido afirmar que se venció a la ultraderecha. Los partidos de esta ideología han conseguido disputar presidencias y ocupar numerosos escaños en la mayoría de países europeos.
Las razones de este giro hacia el populismo xenófobo son ampliamente debatidas y analizadas, pero pocas veces se presta atención a quienes desde abajo vienen armando todo lo imprescindible para que todo esto sea posible.
Mientras la crisis económica continúa, las nuevas ultraderechas usan lo que denominan el “sentido común” para justificar sus soluciones simples a problemas complejos. Conectan con aquellos que se sienten abandonados por las instituciones y amenazados por la globalización.
La crisis económica y la torpeza de las izquierdas y las derechas históricas, que a menudo han legitimado los postulados del Frente Nacional introduciéndolos en la agenda política, no ha hecho más que allanar el terreno para que vuelvan estos discursos del miedo. Ellos son ahora los que se llaman antisistema.
La extrema derecha entendió que ni las referencias nostálgicas a regímenes pasados ni determinadas estéticas resultaban ya rentables. Era necesaria una renovación de la imagen y de la retórica, y aquello que ya sugirió la Nouvelle Droite francesa en los años setenta, está dando hoy sus frutos. Esto es, arrebatarle la hegemonía a la izquierda, ganar la batalla cultural primero para asaltar la política después. Aquella ultraderecha leyó a Antonio Gramsci y trató de aplicarlo para su causa. Aunque ha tomado décadas y ha habido otros factores, hay mucho más que partidos y líderes mediáticos detrás de todos estos éxitos.
Los activistas del fascismo del siglo XXI se llaman Identitarios y rechazan ser catalogados como extrema derecha. Sus símbolos han sido renovados: no llevan esvásticas ni cabezas rapadas. Rechazan igualmente el comunismo y el capitalismo, el eje izquierda-derecha, y se hacen llamar social-patriotas. Afirman que adoran más que nadie la rica diversidad étnica y cultural del mundo. Reivindican el etnopluralismo, esto es, no considerar ninguna raza o cultura superior a otra, sino apreciar la diversidad y tratar de conservarla evitando que se mezclen, es decir, evitando la inmigración, el multiculturalismo y el mestizaje. Los identitarios italianos incluso han realizado viajes a zonas de conflicto para entregar ayuda humanitaria. Porque si en sus países están bien, no vendrán a buscar fortuna a los nuestros.
Fue la organización Casa Pound (en honor al poeta norteamericano Ezra Pound) en Italia en 2002 la que empezó a ocupar edificios abandonados para dar cobijo y alimentos a familias italianas desfavorecidas, acusando al Estado de preocuparse más por los inmigrantes que por los nacionales. Le siguió el partido neonazi griego Amanecer Dorado, repartiendo comida a familias griegas cuando la crisis estaba en su peor momento y ahogaba al país en la miseria.
En Francia, la organización Generación Identitaria lanzó meses atrás la campaña de microfinanciación colectiva Defend Europe para fletar un barco que impida a las ONG rescatar refugiados en el Mediterráneo. Han conseguido recaudar más de 80.000 euros para su nave de unos 40 metros, el C-Star, que ya navega y atracará en varios puertos europeos para recoger más activistas que se quieran unir a la hazaña. Quieren rescatar a los inmigrantes, pero para llevarlos de vuelta a las costas africanas desde donde zarparon.
La propaganda de este grupo neofascista ha llegado hasta Canadá y Estados Unidos: la periodista y activista ultraderechista canadiense Lauren Southern se embarcó con los identitarios franceses en la misión contra el Aquarius en Sicilia. También Steve Bannon entrevistó hace poco al líder de esta organización y en 2015 Richard Spencer y su Instituto de Política Nacional organizaron un concurso de ensayos “Why I’m An Identitarian”.
Aunque públicamente no pidan votar por Marine Le Pen, sus acciones han ayudado sin ninguna duda a reforzar el mensaje del miedo que ha capitalizado el Frente Nacional. Sobre todo entre la juventud.
Piden prácticamente lo mismo: acabar con la inmigración y desterrar al islam de Occidente. Salir de la Unión Europea y de cualquier organismo supranacional que imponga leyes que puedan ser contrarias a los intereses nacionales. Y acabar con la clase política que ha dirigido el país durante décadas vendiéndolo al mejor postor y desvirtuando su identidad acogiendo a miles de extranjeros inadaptables.
En España, sin embargo, no existe un partido ultraderechista capaz siquiera de conseguir un solo escaño en el parlamento, pero las ideas que defienden estos partidos existen igual que en otros países. Los partidos de extrema derecha españoles llevan años divididos y enfrentados, incapaces de superar sus diferencias y de elaborar un discurso atractivo para el votante.
Y el paisaje político español es relativamente diferente al de sus vecinos. Desde los años ochenta, el Partido Popular ha sido capaz de recoger el voto desde el centro hasta la derecha radical. La resaca de la dictadura franquista persiste y la ultraderecha no ha sabido desligarse del todo de este pasado poco atractivo para las nuevas generaciones. La crisis económica pudo ser una oportunidad para articular un nuevo movimiento populista ultraderechista, pero el descontento fue capitalizado entonces por movimientos populares como el de los Indignados, y poco después por el partido Podemos. Ambos impusieron su propio marco de referencia sin alusiones xenófobas, demostrando que se podía canalizar la indignación popular sin azuzar el odio al extranjero.
Es, sin embargo, el Hogar Social Madrid el que abandera el movimiento identitario en España y que ha recibido una enorme y amable atención por parte de los medios de comunicación. Bajo las siglas de HSM se han ocupado ya seis edificios abandonados en la capital de España, donde se alojan familias españolas sin recursos y donde se entregan alimentos.
En prácticamente todos los países, las llamadas fake news (noticias falsas) –muchas de indudable intencionalidad xenófoba– han dado un formidable impulso a las ideas de la nueva ultraderecha, que se expanden sin control a través de las redes sociales y a una amplia red de medios. Y es que la gran victoria de la ultraderecha es haberse convertido en una opción democrática más mientras el proyecto europeo se desintegra y Occidente pierde poco a poco su hegemonía en un mundo cada vez más multipolar.
El peligro que entrañan los nuevos grupos identitarios, más allá de su discurso de odio, es que se obvia su matriz neonazi y se acepta su aparente pátina democrática. Sobre todo cuando los índices de violencia ultraderechista aumentan en Europa a un ritmo alarmante. Solo en 2016, Alemania registró 3500 ataques contra refugiados.
Normalizar sus discursos es renunciar a la propia democracia, a los valores y a los derechos que aseguran la convivencia. El terrorismo yihadista y la islamofobia se retroalimentan, como las sociedades cada vez más cerradas en sí mismas alimentan el desconocimiento y las sospechas entre sus ciudadanos. Menospreciar este nuevo fascismo ahora nos pasará factura a largo plazo.
Los ciudadanos debemos exigir más que simples consignas a corto plazo en vez de delegar en los políticos toda responsabilidad. Recordar que somos sujetos activos y recuperar el activismo social y cultural para evitar que la nueva contracultura y lo alternativo sea hoy ser nacionalista y xenófobo. Debemos también reocupar los espacios que poco a poco se fueron abandonando y que hoy son coto de los ultraderechistas. Neutralizar los discursos del odio con datos que los desmonten y campañas que los empequeñezcan.
Y es responsabilidad de todos advertir sobre estas brechas por donde se cuelan estos mensajes y volverlas a sellar como debimos haber hecho hace 70 años. De lo contrario, solo hace falta echar la vista atrás para ver cómo el discurso de odio es tan solo el principio de algo mucho peor.

divendres, 26 de maig de 2017

Los jóvenes judíos norteamericanos que luchan contra la ocupación israelí

“Seremos la generación que termine con el apoyo de nuestra comunidad a la ocupación”. Así se anuncia en la página web de IfNotNow, una organización que trata de unir a los judíos norteamericanas críticos con las políticas del gobierno israelí.



s 24 Mayo 2017  - LA MAREA


La noche del pasado 20 de mayo, soldados israelíes destruyeron el Campo de la Libertad Summud, en las colinas del sur de Hebrón, erigido por cerca de 300 activistas palestinos, israelíes y judíos norteamericanos unos días antes. Se trataba de una acción simbólica para denunciar la ocupación de los territorios palestinos, donde hasta 1998 se encontraba Sarura, un antiguo pueblo palestino despoblado tras varios años de acoso por parte de los colonos y soldados israelíes. Durante el desalojo del campamento los soldados agredieron a varios  activistas, pero no hubo detenciones. Desde la cuenta de Twitter de la organización norteamericana IfNotNow relataban al minuto lo que iba sucediendo: “si nos agreden así siendo judíos, imaginad lo que le pasa cada día a los palestinos. La ocupación no es mi judaísmo”, explicaban pasada la medianoche.



Las acciones de este colectivo norteamericano formado por jóvenes judíos contrarios a la ocupación ha hecho saltar las alarmas de los defensores a ultranza de las políticas israelíes. Y ya van dos veces en dos meses que están dando mucho que hablar. IfNotNow congregó el pasado 25 de marzo a cerca de un millar de jóvenes judíos ante el edificio donde se celebraba la conferencia anual del poderoso lobby pro-israelí AIPAC (Comité de Relaciones Públicas Entre Estados Unidos e Israel) en Washington. Tras una pancarta con el lema “Los judíos no serán libres mientras que los palestinos no lo sean también. Abajo el AIPAC, abajo la ocupación” y el hashtag #JewishResistance (resistencia judía), los jóvenes cantaban, bailaban y se encadenaban a las puertas del Walter E. Washington Convention Center.  Otros manifestantes incluso lograron entrar y desplegar una pancarta ante los asistentes al congreso pro-israelí más importante del mundo.



IfNotNow lleva desde 2014 alzando su voz para demostrar que ser judío no implica apoyar las políticas de los sucesivos gobiernos israelíes. Fue durante la Operación Margen Protector (el eufemismo que usó el gobierno israelí para referirse al ataque contra Gaza que se saldó con más de 2.300 palestinos muertos, entre ellos medio millar de niños), cuando jóvenes judíos de los Estados Unidos empezaron a coordinarse para dar una respuesta conjunta ante la masacre y exigir el final de la ocupación sistemática de los territorios palestinos. Los líderes de las comunidades judías norteamericanas, que siempre han apoyado incondicionalmente las políticas de Israel, ven ahora cuestionado su papel. Ellos son el centro de las críticas de los jóvenes de IfNotNow, tal y como avanzan en la portada de su página web: “Hoy en día, la comunidad judía se enfrenta a una elección. ¿Vamos a dejar nuestra tradición en manos de líderes fuera de contacto, o pelearemos por una comunidad judía vibrante y liberada que apoye la libertad y la dignidad de todos los israelíes y palestinos?”

Tamara y  Sarah son dos jóvenes judías norteamericanas residentes en Nueva York. Nos citamos en una cafetería de Manhattan, cerca de la New York University (NYU), en un barrio plagado de restaurantes y cafeterías repletas de jóvenes donde residen y hacen su vida miles de estudiantes de todo el mundo. No quieren fotografiarse ni hablar en nombre de la organización, tan solo explicar porqué se unieron a IfNotNow.

“Crecimos en una comunidad donde estamos siempre alerta, a la defensiva. Fui a Israel muchas veces, crecí en un contexto muy sionista. En la universidad empecé a tener conversaciones con gente que opinaba diferente sobre Israel, empecé a leer a mucha gente también de Israel que es muy crítica con su gobierno. Volví a Israel y vi que lo que pasaba, que todo lo que no me creía, era real. No puedo seguir callada. Esto no puede seguir así.” La ocupación de las tierras palestinas es el eje central de las campañas de IfNotNow. Las activistas no se sienten representadas por los portavoces de las comunidades judías en su país: “Nuestros líderes no pueden hablar por nosotros, especialmente por los jóvenes. Ellos afirman que la seguridad de los judíos pasa por la ocupación. Nosotros pensamos justo lo contrario. Estamos tratando de preguntar a la cara de toda la comunidad judía de EEUU de qué lado están: de la ocupación o de la libertad y dignidad de todas las personas. Hay que hablarlo. También porqué todas las instituciones están apoyando la ocupación. Pero primero debemos preguntar a los miembros de nuestra comunidad. La ocupación es nuestra causa central. Es nuestra estrategia poner este tema sobre la mesa. Estamos hablando de la vida cotidiana de las personas, y cada día que pasa es un día más de opresión. Podríamos discutir de muchas cosas sobre el conflicto, pero ahora hay que empezar por esto. Hay que parar la ocupación. Los líderes deben afrontar estos temas, es lo que tratamos de visibilizar. Es un movimiento para cambiar corazones y mentes.”

Esa era la intención de su espectacular acción en Washington dos meses atrás: “AIPAC trata de decir que todos los judíos debemos aprobar las políticas de Israel, de quien también depende nuestra seguridad en EEUU. Tratan de hablar en nombre de todos los judíos. Por eso fuimos a protestar, porque no nos representan”. Ambas activistas habían participado en la protesta, pero no se conocían hasta el día de esta entrevista. Una de ellas se encadenó a las puertas del edificio. La otra permanecía en el exterior junto con los otros cientos de manifestantes. Hasta ahora no habían entablado conversación. Se sienten orgullosas de ser judías. Reivindican su identidad y se sienten con el deber de actuar ante las injusticias, tal y como su fe les ha enseñado. Antes de la protesta contra AIPAC rezaron. Durante la protesta, cantaron varias canciones judías.



Los discursos racistas de Trump han reforzado sus razones: “Islamofobia, racismo y antisemitismo están totalmente conectados”, afirman. Por eso organizaron en noviembre de 2016 el “Jewish Day of Resistance” (Día judío de la resistencia) contra las políticas del nuevo presidente, y que consistió en distintas acciones de protesta en más de 30 ciudades estadounidenses al mismo tiempo. Muchas de estas protestas señalaron a un importante asesor de Trump, Stephen Bannon, ex director de la web ultraderechista Breitbart News, famosa también por sus habituales ‘fake news’ (noticias falsas) y considerado ideólogo de la ‘Alt-Right’ norteamericana, es decir, la autoproclamada ‘derecha alternativa’, que es como se hace llamar la ultraderecha estadounidense. Bannon fue nombrado miembro del Consejo de Seguridad Nacional por el Presidente a finales de enero y cesado a principios de abril. “En Washington, igual que en Europa, muchos antiguos antisemitas como Bannon, que escribieron contra los judíos hace años, hoy apoyan abiertamente a Israel y han cambiado su target. Ahora el enemigo es el Islam. A lo largo de los años los judíos hemos estado en todas las luchas por los derechos civiles. Ahora también debemos estar”, concluyen las activistas de IfNotNow mientras nos despedimos a las puertas de la cafetería justo cuando bajan las persianas.